Las imágenes vuelven como un eco de otra época. Fotografías que hoy parecen sacadas de un álbum vintage, pero que en su momento marcaron el inicio de una historia breve e intensa en el mundo del modelaje.
Rossana Beltrán, exmodelo, instructora de zumba y empresaria sonríe al reencontrarse con esas postales que la transportan a sus años de concursos como Miss Paraguay y Miss Punta del Este, además de campañas publicitarias que definieron su temprana exposición mediática a la temprana edad de 13 años.
“Estas fotos son mega recontra TbT”, comenta con humor. Tenía apenas 13 años cuando comenzó su recorrido en las pasarelas, una etapa significativa que, aunque fugaz, dejó huellas imborrables. “A los 18 ya dejé completamente de lado el modelaje, pero son lindos recuerdos, da gusto verlos”, confiesa a TVO.
Hoy, esas imágenes adquieren un nuevo significado. Al observarlas, Rossana no solo se ve a sí misma, sino también a su hija, Valentina. “Es igualita a mí, igualita. Justamente está en la edad en la que yo inicié el modelaje”, dice.
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Lejos del brillo de los flashes, Rossana transita una etapa marcada por la tranquilidad, la familia y el equilibrio. Actualmente dedica su energía a su gimnasio, a las redes sociales y al emprendimiento familiar que lleva adelante junto a su madre, un rubro que describe como cada vez más consolidado. “No tengo otros proyectos más que seguir con lo que estoy ahora”, afirma con claridad.
En lo personal, vive un momento de introspección. Separada desde hace casi dos años, Rossana es contundente: su corazón está cerrado. “Está congelado, muy congelado”, dice entre risas, aunque detrás de la frase hay una decisión consciente. “Hoy lo más importante es la paz, la libertad y la tranquilidad que tengo”.
Esa libertad se traduce en tiempo de calidad con sus hijos, en salidas con amigas y en una maternidad presente y cómplice. “Soy una mamá muy canchera”, asegura, relatando cómo acompaña de cerca cada etapa de sus hijos Papo y Valentina, incluso las madrugadas y las largas charlas.
Sin apuros ni presiones, Rossana cree que el amor llegará cuando deba hacerlo. “El destino en algún momento va a traer al próximo amor de mi vida”, reflexiona, aunque aclara que no es una prioridad. Por ahora, el diálogo está más con la mente que con el corazón, y el disfrute pasa por lo simple, lo cotidiano y lo auténtico.
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Entre anécdotas, agradecimientos y pequeños rituales de fin de año, Rossana Beltrán se muestra real, serena y en control de su propio tiempo. Lejos de las pasarelas, pero más conectada que nunca consigo misma, atraviesa una etapa donde el mayor lujo no es el glamour, sino la paz interior.
“Mi corazón está cerrado y estoy disfrutando mi vida”, sentenció.