La mansión, ubicada en una de las zonas más exclusivas de Beverly Hills, fue adquirida durante el matrimonio de Ben y Jennifer como parte de un proyecto de vida en común. Lo más llamativo es que, en lugar de negociar una venta o dividir el valor económico, Affleck habría optado por salir completamente del acuerdo. Esto deja a López como única propietaria, asumiendo tanto el control como las decisiones futuras relacionadas con la vivienda.
Tras el divorcio, ambos siguieron caminos independientes. Affleck priorizó su vida familiar y cercanía con sus hijos, mientras que López continúa enfocada en su carrera y nuevos proyectos personales.