Peregrina con un manto azul tras recuperarse de la mordedura de una víbora

Rossana Mabel, de 10 años, va todos los años hasta la Basílica de Caacupé, en compañía de su mamá, para agradecer a la Virgen por su salud.

Con una tierna sonrisa, Rossana Mabel junta sus manos y mira hacia la imagen de la Virgen de Caacupé, parada entre la multitud en la explanada de la Basílica. Para la niña de 10 años ya es costumbre peregrinar cada diciembre con su mamá, para agradecer por su salud.

A su corta edad, Rossana es toda una guerrera, pues hace algunos años superó una situación que afectó su salud gravemente. "Cuando tenía ocho años le mordió una víbora. Los doctores ya no le daban esperanzas de vida, el veneno subió a sus pulmones y le agarró neumonía con derrame; tuvo que operarse. Nosotros nos encomendamos a la Virgen y se curó", explicó su mamá, quien nunca perdió la fe.

Desde aquella vez, la doña viste a su pequeña con un vestido blanco y un manto azul, para ir hasta la capital espiritual desde su ciudad, Itá. "Ahora venimos así nomás, pero el 6 ella se viste con todos los accesorios", agregó la doña.

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