Menchi y Guada: De madre e hija a mejores amigas

En la nota de hoy, las estrellas son Menchi Barriocanal y su hija menor, Guadalupe Acosta. La periodista y la joven (fruto de la relación con su colega y compañero de vida, Óscar Acosta) charlaron con TVO sobre distintos temas, incluyendo los inicios de la comunicadora, las posturas asumidas por ambas, entre otros puntos interesantes.

Menchi y Guada mantienen una relación muy estrecha, a pesar de las diferencias que puedan tener en algunos ámbitos (como en toda familia). Madre e hija no temen señalar que se consideran las mejores amigas, y que la confianza y honestidad fueron los pilares que ayudaron a construir un inquebrantable vínculo, apoyándose siempre como familia cada vez que sea necesario.

La periodista tiene una vida agitada, por lo menos de lunes a viernes, desde la madrugada hasta la noche; siempre está interiorizándose de los hechos del día a día para poder brindar una información completa a los espectadores. Cuenta que durante su juventud, el periodismo no se encontraba entre sus planes, pero las vueltas de la vida la llevaron al mundo de los medios. Con el pasar del tiempo y recorriendo varias áreas como tevé, radio, noticieros y programas de entretenimiento, se dio cuenta de que era donde quería estar.

Podés profundizar más con ambas acá.

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Menchi, ¿cómo fue tu inicio en el mundo de los medios?

- La verdad que fue algo fortuito, no fue algo que yo busqué adrede o que había planeado como un objetivo en la vida. Yo estudiaba Psicología en la Católica, era el año 82 y se me dio la posibilidad de coconducir un programa de deportes, que llegó después de hacer una entrevista a un parapsicólogo, porque una señora que me conocía de años atrás me había dicho que yo le iba a gustar a la cámara, me acuerdo hasta ahora de sus expresiones, entonces fui a hacer la prueba y le gusté a la cámara por lo visto porque me aceptaron. Era un programa que se hacía para un club deportivo que tenía un año apenas y buscaba promocionar sus actividades.

Entonces, a raíz de eso me contrataron. Con Julio González Cabello era el programa, se llamaba Su deporte favorito, y lo hice durante cinco meses más o menos, desde setiembre del 82 hasta fines de ese año. Ya después realmente terminé como un poco cansada de seguir una rutina de todos los días y los fines de semana con más intensidad, era la misma gente haciendo todo tipo de rutinas, y les dije que no me interesaba continuar. Entonces en el canal me dijeron que les gustaría que me quedara y me contrataron para ser la conductora del noticiero del mediodía.

En realidad, al comienzo era conductora del noticiero o de cualquier espacio que quedaba libre, pero me hicieron un entrenamiento ahí con unos periodistas que tuvieron la amabilidad y gentileza de quedarse conmigo horas después de trabajar para entrenarme en el tema de los noticieros, y también seguía estudiando. Fui quedando y haciendo noticieros principalmente, porque eran momentos de la dictadura y no había mucho más para hacer que eso.

Paralelamente se dio la posibilidad de ingresar a una radio, una FM, me contrataron porque les gustaba mi pronunciación en inglés, pero terminé haciendo totalmente otra cosa, me metí en canto en ese espacio, hacía comentarios con un periodista que me acompañaba, un poco picantes para el régimen, y paralelamente se dio mi incursión en la música, era como una serie de actividades que, más allá de las limitaciones, censura y autocensura que teníamos en la época, me iban perfilando hacia un estilo de periodismo que después lo pude desarrollar con mayor fuerza.

Pero fueron años en los que había que aprovechar los pequeños espacios y resquicios donde había libertad para poder hacer alguna cosa, y después mi participación en eventos de facultad, en manifestaciones contra el régimen, contra el cierre de ABC color en el 84, el cierre de Ñandutí; y estaba siempre ahí con una participación más activa en las denuncias que se hacían en todos los pocos ámbitos de oposición que quedaban en ese momento.

Hasta que en el 89 llegó el derrocamiento de la dictadura, y toda esa militancia pequeña, digamos, me había marcado un perfil que, luego del derrocamiento, le sirvió al medio donde estaba, porque los que mandaban en ese entonces tenían una postura muy chupamedias con el régimen. Luego fueron sacados del canal y yo me convertí en una referente para ese nuevo tiempo que estábamos viviendo porque estaba menos contaminada, digamos, y ahí se potenció un poco más mi imagen en esos tiempos, ya en otros espacios.

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Incursionaste en varias áreas…

- Sí, imaginate que salté de hacer un programa deportivo a noticiero, a entretenimiento con Nicolás Repetto a la siesta, luego paralelamente en el 89, yo hacía otro programa que se llamaba Cotidiano, donde realizaba un recuento de las actividades culturales de Asunción.

De ahí llevé a cabo un programa de investigación periodística —en este caso El Ojo—, después hice un espacio para la familia, para la mujer, en el típico esquema de programas femeninos en el 97, que fue Nos vemos en casa, de ahí me mudé a Telefuturo a hacer Menchi con los sueños, luego volví otra vez a prensa; fui recorriendo todos los espacios posibles, siempre tratando de darle mi impronta a todos ellos y aprovechando lo que se podía hacer, con un espíritu crítico y reflexivo.

Siempre dije que en la televisión uno no puede hacer lo que quiere, sino lo que se le permite en un determinado momento, también desde el ámbito comercial que soporta ese espacio. A veces hay que tener un buen juego de cintura para aprovechar la televisión y generar una cosa distinta.

¿Entre la dictadura y posdictadura nunca sufriste algún tipo de discriminación por ser mujer?

- Más que discriminación como mujer en la prensa, tuve que soportar acoso, y fueron momentos muy difíciles en los que no se hablaba de esto, ya que las denuncias de acoso llegaron mucho después. En ese entonces teníamos que zafar de eso como podíamos, algo que a veces fue bastante denso. Pero tuve la fortuna de poder sostener mi puesto de trabajo sin renunciar a mis ideales, mis principios y peleando con eso que era una amenaza sin que perjudicara mi trabajo, que ya tenía una fuerza en los medios, por eso siempre digo que fui una afortunada y privilegiada en ese sentido.

Inclusive tuve un resarcimiento económico bueno, no sufrí la discriminación de que por ser mujer me pagaran menos, al contrario. Es más, creo que en muchos momentos y hoy mismo puedo decir que gano mejor que muchos hombres, yo soy una muestra de algo que sería fantástico si pudiera repetirse a nivel universal.

Pero siempre dije que porque yo gozara de algunos privilegios, tenía que tener una actitud de desinterés hacia realidades absolutamente distintas a las mías. Siempre dije que independientemente del lugar que me tocara, no podía desentenderse de realidades extendidas como el tema de la discriminación, acoso, o ganar menos por ser mujer. De todas maneras, tomo esas causas aunque no sea una víctima directa de ellas. Creo que no podemos permanecer indiferentes a lo que está pasando alrededor de nosotros, aunque no nos toque vivir esa situación. Yo peleo por los derechos de los más vulnerables aunque yo no lo sea. Esa siempre fue mi manera de encarar mi actividad en los medios y empujar este carro que finalmente va a permitir que exista igualdad, paridad entre hombres y mujeres.

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Después de la caída de la dictadura, ¿llegaste a sufrir de persecución o censura por alguna información que hayas compartido?

- Sí, creo que nadie ha escapado de esa situación, porque existen otros tipos de censura también, de alguna manera veníamos marcadas por mucha autocensura, había que pelear contra eso, porque tuvimos que manejarnos así por mucho tiempo. Hay que entender que uno puede manifestar opiniones muchas veces con más libertad que en otras, pero también creo que uno tiene que ser consciente de que no puede pelear todas las batallas juntas, y más que censura hay agresión. Cuando ejercemos la libertad de opinar, no podemos pretender que todos piensen de la misma manera y, lamentablemente, en nuestro país todavía vivimos situaciones en las que una opinión distinta para otras personas tiene que ser combatida y erradicada.

Ahí es donde tenemos serios problemas y eso se puede ver más en las redes sociales. Como cuando uno dice y sienta una postura, o tiene una opinión que puede ser distinta a la de otras personas, estas actúan casi en bloque para intentar eliminar tu opinión. No existe todavía para muchas personas la posibilidad de debatir ideas, sino de eliminarte directamente; les molesta un concepto y pretenden eso, que desaparezcas de la faz de la tierra.

Hoy nos enfrentamos a eso y hay temas que son más difíciles de tratar que otros, debemos conocer el momento adecuado y con quiénes tratarlos. A veces es avanzar y volver a retroceder, porque esto es así. El que piense que todo el tiempo podemos ir por el mundo manteniendo nuestras ideas, aunque no sea el tiempo propicio para hacerlo, creo que se equivoca. Tenemos que saber jugar este juego, porque no es “yo digo lo que quiero”. Ok, pero tenés saber cómo hacerlo, de qué manera y momento, también es un juego inteligente que hay que saber jugar.

Sos una de las pocas mujeres dentro de los medios que asumieron su militancia en el feminismo…

- Yo soy feminista, asumí eso, aunque tarde. Tengo 58 años y definirme feminista me llevó cuatro años más o menos. Siempre digo, es una frase que ya utilicé varias veces: “Así como yo parí tres hijas, mis hijas me parieron en el feminismo”. Yo creo que la militancia de mis hijas, Montse y Guada (en particular), hizo que yo tomara la decisión de confesarme como feminista.

La carta que hizo Guada en el 2016 [en nombre de las dos jóvenes mochileras argentinas que fueron asesinadas en Ecuador ese mismo año] fue el disparador para todos a nivel familia, sabiendo que eso generaba también mucho ruido en algunos sectores de la sociedad que creo que tienen una confusión, porque no entienden qué significa el feminismo en realidad. Por eso es que no lo apoyan masivamente, porque cuando vos entendés que el feminismo es simplemente la lucha por la igualdad entre los derechos de los hombres y las mujeres, entonces ¿quién puede oponerse a eso? Obviamente pueden aquellos que ven afectados algunos de sus privilegios y no están dispuestos a perderlos.

Pero en realidad, cuando comprendés lo que es el feminismo, yo entiendo que no tendría que haber resistencias que tengan fundamentos, porque ¿quién puede estar en contra de que se respeten los derechos por igual de hombres y mujeres? Si vos hacés el análisis así de lo que significa la palabra feminismo no puede haber rechazos, pero sabemos que la realidad nos dice otra cosa.

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Esta cuestión te hizo perder una gran cantidad de seguidores, ¿qué opinás al respecto?

- “Me gusta que me quieras” [cantando] ¿verdad?, de eso a decir: “Ok, me encanta que me quieras, pero aceptame como pienso, como soy, aunque mi opinión sea distinta a la tuya”. En realidad yo siempre tuve posturas muy claras, aun estando en espacios más livianos, no superficiales, porque creo que los sentimientos son profundos y son tan importantes como cualquier otra cosa que pasa en la vida. A veces se relativiza el tema de hacer un espacio donde finalmente se puedan compartir sentimientos con otras personas y decirse a la cara lo que sienten, manifestar cariño, amor, esos sentimientos que son parte esencial de nuestra vida. No creo que no sea importante, todo lo es en la vida de uno, pero siempre fui una mujer de decir las cosas como pensaba, solo que en estos temas en particular por ahí no era tan visible hasta estos últimos años.

Y sí, probablemente para mucha gente hubiera sido mejor que Menchi siguiera siendo la Novia de Asunción, sin entrar en temas contradictorios, controversiales y que siguiera no más ahí, relacionándonos a través del afecto, del cariño, que yo creo que siguen estando, pero ahora profundizo en temas que son necesarios en la sociedad del siglo 21, que no pueden estar al margen.

Quizás justamente por ser una mujer que tiene muchos años compartiendo con generaciones, porque ya son muchas (risas), pueda decir: “Yo soy un vehículo para que llegue este mensaje”, aunque cueste al comienzo, y algunos se alejen, porque muchos lo hicieron, pero no del todo, ni para siempre, porque van entendiendo y comprendiendo que no se trata de excluir a nadie, todo lo contrario. Entonces dije: “Bueno, tengo esta responsabilidad y no puedo dejarlo a un lado”.

No puedo pensar que porque muchos se enojen o alejen, debo desviarme de esto. Tomé esa decisión, costó algún sacrificio, en la cuestión de perder ese cariño general, pero creo que es fundamental para ir marcando un camino, porque yo sé que ayudo a muchas mujeres al haberme definido y asumir ciertas posturas, a que ellas puedan tomar esas rutas y enfrentarse a situaciones que las han tenido al margen de muchas cosas, y creo que valió la pena, definitivamente.

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¿Te consideraste realmente alguna vez la Novia de Asunción?

- Pasa que me dio mucha risa, cuando fue Nila López la que me puso el título de la Novia de Asunción, y fue un título de alguna manera de mucho afecto. Reitero que el afecto es un vehículo maravilloso para cambiar actitudes y conductas. Entonces, si eso podía servir en ese caso también, genial, pero yo creo que tenemos que entender que una persona puede ser novia en un momento dado, y puede asumir distintos roles, eso es lo que somos.

Yo puedo reírme un montón, pero acto seguido puedo encontrarle la profundidad a algo que hoy estamos viviendo, porque como seres humanos somos un cúmulo de sentimientos y acciones. No somos solamente serios o joda por acá, cariñosos o duros en otro lado, somos una combinación de todo. Yo reviento en un momento dado en la radio, mando al diablo y al segundo estoy hablando de vuelta de lo importante que —más allá de mantenernos firmes en decisiones, posturas e ideas— es acercarnos al otro a través del diálogo o del afecto. Así es el ser humano, hay que entendernos de esa manera.

¿Algún mensaje para esta generación de periodistas y los que se vienen?

- Para los estudiantes de Periodismo, les digo que si lo están haciendo para asumir un compromiso, sigan haciéndolo. Si es para salir en tevé, déjenlo, porque no se trata de eso.

Como periodistas tenemos la obligación de ser portavoces de nuestro tiempo y de los que no tienen voz en nuestro país. Tenemos que asumir un compromiso enorme, porque como dice Ryszard Kapuściński: “Tenemos que ser los ordenadores del caos, no los propiciadores”. Yo creo que eso es muy importante, estamos en un medio para tratar de despejar las dudas, para tratar de que se escuchen todas las voces.

Yo no puedo ser objetiva, pero puedo ser plural. No me pidan a mí que sea objetiva y que no me contagie del dolor humano, no puedo. Creo que el periodista no puede ser cínico, tiene que ser una persona absolutamente empática con lo que le pasa a la gente, o no creo que sea el lugar donde tiene que estar.

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¿Y un mensaje para las mujeres que luchan todos los días por salir adelante?

- Tenemos que estar juntas, nos enseñaron a estar peleadas y enfrentadas. Debemos seguir trabajando en el término sororidad y estar unidas para pelear por esos objetivos que tenemos, como lograr la igualdad. Puede haber diferencias, y no coincidir en temas, reivindicaciones y en maneras de lograrlo. Pero de todas maneras tenemos que estar juntas.

Yo puedo pelear a tu lado, aunque no esté de acuerdo contigo, pero estoy a tu lado y juntas podemos tener más fuerza que si nos separamos. Yo les invito a las mujeres a que nos sumemos, que seamos cada vez más las que entendamos este mensaje de estar unidas para pelear por los derechos de absolutamente todos.

Guadalupe Acosta

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Guada sigue los pasos de su mamá en el mundo de la comunicación, aunque admite que aparecer en tevé no figura entre sus gustos. Lo que realmente la apasiona es la escritura, y le encantaría llegar al público desde esa rama. Confía que en los libros aún existe la magia suficiente para desarrollar la imaginación y ayudarnos a ser más humanos. Y por supuesto, habló de la admiración que siente por Menchi.

Guada, ¿cómo es la relación con tu mamá?

- Yo siempre dije que estoy muy agradecida de que la relación con mi mamá sea una de plena confianza. Es la primera persona a la cual recurro cuando tengo un problema y creo que eso lastimosamente en Paraguay, o al menos en mi entorno más cercano, no es muy común. Mis amigas y amigos nunca recurren a sus padres cuando tienen un problema, no buscan apoyo en ellos porque, en cierta manera, en nuestro país está muy marcado eso de yo soy tu padre, o soy tu madre, y soy tu autoridad, por ende, soy una especie de propietario tuyo. Acá siempre me hicieron sentir muy libre, siempre trabajamos mucho basándonos en la confianza y en el podés contar conmigo y acá no se te va a juzgar, este es tu espacio seguro.

Tenemos una relación muy buena, honesta, frontal, donde se respetan mucho los límites de una con la otra. Sinceramente, mi mamá es una de mis mejores amigas, yo disfruto estando y compartiendo con ella, muy a pesar de lo que todos creen, porque con mi mamá tenemos muchísimas diferencias y se arman interesantes debates en casa de vez en cuando; con papá también. A mí me gusta mucho la relación que tengo con mis padres.

¿Qué es lo que admirás más de tu mamá como mujer?

- Muchas cosas, una de las principales es su valentía. Creo que estando en la posición que ella está, iba a ser mucho más fácil de repente quedarse en su zona de confort y no salir de ahí; como ella dice: “Caerle bien a todo el mundo”, no tomar posiciones y actuar de acuerdo a lo que está acostumbrada nuestra sociedad, pero ella se anima. A pesar de que eso genere ataques fundamentalistas en contra de ella y a pesar de que eso pueda generar incomodidad y disconformidad, ella sabe que es importante demostrar que si vos hoy ocupás una posición de cierto privilegio, debés usarla para que eso deje de ser así y se convierta en un derecho para todos y todas.

Desde tu punto de vista, ¿cuáles son las cosas que tienen en común?

- Ambos (Menchi y Óscar) me criaron siempre con un sentido de empatía muy fuerte, creo que acá todos siempre tratamos de practicarla, de ponernos en el lugar del otro, de ser honestos, ser personas que cumplan responsablemente. Creo que la responsabilidad y la honestidad son algo que me carcomen por dentro: no puedo estar en deuda con la gente; y siempre ponernos a la predisposición del otro. Que si nosotros venimos a vivir una existencia completamente egoísta y no nos involucramos con los demás, nuestra existencia no tiene sentido, cobra sentido una vez que nos interesamos en las causas de las demás personas.

¿Te gustaría generar el mismo impacto que logró tu mamá algún día?

- No sé si en cuanto a figura, a mí no me gusta tanto la tevé, me gusta más escribir. Mi sueño en realidad es ser escritora. Estoy preparando un librito de cuentos cortos, que espero en algún momento de este año pueda salir. Y me encantaría llegar a las personas a través de la escritura, yo creo que los libros me salvaron la vida. Ellos [sus padres] a los siete años me dijeron: “Se acabó la televisión en el cuarto”, me sacaron la tevé y llenaron mi habitación de libros. Creo que fue la mejor decisión que tomaron en la vida y lo mejor que hicieron por y para mí. Pienso que en los libros todavía hay esa magia que incendió a nuestra imaginación, que puede humanizarnos de nuevo.

Menchi Barriocanal - apertura 2

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